El montado
La piel se tensa sobre la horma escama a escama y reposa tres días. Es la única parte del proceso que no se puede acelerar sin que se note a los seis meses.
Ciento veinte milímetros de tacón y una tapa de nueve. Todo el peso del cuerpo pasa por ahí, y lo sostiene una lámina de acero que no verás jamás.
Cada par sale de una sola piel, y ninguna se repite.
El tacón más alto de la casa cabe entero en la palma de la mano.
Roja, y solo al andar.
La tapa. Todo el peso pasa por aquí.
La suela se laca a mano en un rojo que no ha cambiado desde 1961. De frente no se ve; aparece a cada paso, para quien se queda mirando.
Un tacón de aguja es una pieza de ingeniería antes que una pieza de moda. Quítale la piel y queda esto.
La piel se tensa sobre la horma escama a escama y reposa tres días. Es la única parte del proceso que no se puede acelerar sin que se note a los seis meses.
Una lámina de acero templado de 1,2 mm se coloca entre la palmilla y la suela, del arco al asiento del tacón. Es lo que impide que ciento veinte milímetros cedan, y nadie la ve.
La suela se laca a mano en siete capas y se deja secar entre una y otra. El rojo es el mismo desde 1961. El pincel, también.
Una sola pieza de pitón. Cada escama en su sitio y ninguna costura a la vista.
Cabritilla roja cosida a mano. Es lo único que toca el pie.
Cuero vegetal sobre lecho de corcho. A los diez días cede donde debe.
Acero templado, 1,2 mm. Es lo único que sostiene el tacón, y no lo verás nunca.
Tacón torneado y forrado en la misma piel. Suela de cuero, lacada en rojo.
Sube tres milímetros justo antes del final. Es lo que hace que un tacón de ciento veinte ande como uno de cien, y lo que nadie sabe explicar cuando lo prueba.
Colette Vasseur abre un taller de zapatos de noche en la rue de Beaune, París.
Laca en rojo la suela de un par para que se vea al bajar una escalera. No ha cambiado desde entonces.
La casa fija el cambrillón de acero templado de 1,2 mm. Sigue siendo el mismo.
La tapa pasa a ser sustituible sin devolver el zapato al taller.
Aplomb. Ciento veinte milímetros. Ciento veinte pares.
Pitón natural, rojo sobre negro y crema
La piel se tiñe escama a escama y el rojo cae donde la escama es más fina. Es el par que abre esta página.
Precio bajo solicitud
Pitón teñido en negro, mate
De lejos es un salón negro. De cerca, la escama sigue ahí y la suela roja es lo único que habla.
Precio bajo solicitud
Pitón sin teñir, arena y hueso
La piel tal como viene. Cada escama tiene su tono y no hay dos pares que se parezcan.
Precio bajo solicitud
Cada par se asigna en una cita privada en el taller de París. Déjanos tu nombre y te escribimos con las fechas disponibles.
El rojo que solo ves cuando se va.